sábado, 15 de diciembre de 2012

Ellos se mojan.

Les da igual lo que piensen sobre ellos, aunque sea algo malo. Jamás querrán aparentar ser algo que no son y siempre les distinguirás por esa sonrisa que tienen dibujada, casi siempre, en su cara. Despreocupados, felices y vergonzosos.

Abrigados hasta en el último resquicio de su cuerpo, para que en pleno invierno no sean víctimas de un buen resfriado. Encantados con ir a pasear por cualquier lugar. Quejicas en el momento de ir de compras, Envidiosos de los que son más pequeños que ellos. Y sin un resquicio de maldad.

Si hace sol, están bien. Si está nublado, también. Si nieva, les encanta hacer muñecos de nieve. Si están en la playa, se bañan y se revuelcan por la arena. Y si llueve, les encanta mojarse. No necesitan un paraguas. Solo quieren protección cuando temen que hay algo debajo se su cama.

Verlos correr, jugar a saltar los charcos o tirarse bolas de papel, te hace volver a ser como ellos. Como antes, cuando siempre decías la verdad. Y te mojabas.

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