El problema es sentarse. Ya sea a hablar o a escribir. El problema es el miedo. Las ganas de correr o de quedarte parada para no avanzar más. El problema es que todos estamos hechos de demasiadas personas de las que nos cuesta mucho desprendernos. El problema es que no dejamos nada atrás. Porque no quieres o porque no puedes.
Lo difícil es intentar superar algo que no sabes si quieres superar. Supongo que lo difícil es ver cada día a la persona que podías haber querido. Pero también no ver a la que más has querido en tu vida.
Lo raro es plantarme delante de las teclas y no estar escribiendo de ti. Lo raro es no hablarte cada día o darte dos besos cuando te veo. Lo raro fue dejarme llevar, cuando nunca he sabido hacerlo.
Lo normal es que nada salga bien cuando has hecho las cosas rematadamente mal. O puede que, para que las cosas salgan bien, antes las tengas que hacer mal. No lo sé.
Lo jodido es no saber qué estás haciendo. Lo jodido es pararte a pensar y que se te borre la sonrisa. No tener ni idea de cómo has llegado a estar aquí. Tan abajo y, a la vez, tan arriba. En un mareo constante del que no te puedes desprender. O si puedes, pero no quieres. Y así van pasando los días.
martes, 15 de octubre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
Se me gastaron las lágrimas
Ni siquiera me di cuenta de cuándo dejé de hacerlo. Nunca me gustaron los dolores de tripa, pero tampoco dejar de tenerlos. Te lo aseguro. Luego hubo noches en los que no me importaba dónde había dejado el móvil y otras en las que se nos olvidaba hablar.
Después dejé de contar los días que quedaban para verte e intenté que fueras tú el que lo hiciese. Al ver que tampoco lo hacías, ni siquiera me enfadé. Cuando gritabas, no te oía. Y cuando te enfadabas, yo ya no lloraba. Dejé de preparar lentejas y, con ellas, se acabaron las sorpresas.
Ya no anotaba los sitios a los que iba en la lista de lugares que visitaría contigo. Y tampoco me enfadaba si no venías a verme antes de comer. Se acabaron los aperitivos y nos sacábamos defectos. Cuando volvía a Madrid, no se me encogía el estómago. Y cuando llegaba el intermedio de cualquier serie, ya no nos llamábamos.
Todo parecía haberme dejado de importar, ni siquiera eso me importaba. Pero luego me dio por pensar. Y si no me importaba que todo hubiera dejado de importarme es que algo fallaba. Fallaba yo. No había nervios ni llanto. Me había secado.
domingo, 6 de octubre de 2013
Límpiate
Si nunca te has manchado de barro, no sabrás que es posible limpiarlo. A lo mejor un lavado no es suficiente, pero se logra. A mí me gusta el barro. ¿Y quién no ha pisado charcos? Todos acabamos haciéndolo, aunque la lluvia nos ponga tristes.
Yo prefiero a las personas que han saltado en charcos y se han llenado de barro, hasta arriba. Después se han levantado y han decidido limpiar cada prenda de ropa que llevaban. Hasta no dejar rastro de lo que era tierra y agua. Y sin rencores. Porque ahora estás manchado, pero mientras lo hacías estabas disfrutando.
Además, nada te impide ser un poquito mejor cuando has hecho lo que tenías que hacer y lo has pasado de la hostia. Ahora, sólo te queda elegir si prefieres lavar tu ropa a mano, o a máquina.
Yo prefiero a las personas que han saltado en charcos y se han llenado de barro, hasta arriba. Después se han levantado y han decidido limpiar cada prenda de ropa que llevaban. Hasta no dejar rastro de lo que era tierra y agua. Y sin rencores. Porque ahora estás manchado, pero mientras lo hacías estabas disfrutando.
Además, nada te impide ser un poquito mejor cuando has hecho lo que tenías que hacer y lo has pasado de la hostia. Ahora, sólo te queda elegir si prefieres lavar tu ropa a mano, o a máquina.
domingo, 29 de septiembre de 2013
A ver quién llega antes
Sonaba el timbre que indicaba el fin de las clases y los dos echaban a correr. No hacía falta que se dijeran lo de "a ver quién llega antes", se daba por hecho. Esa carrera siempre la ganaba ella. Cuando veía cerca el final se ponía cerca de la puerta, lista para correr. Le tenía dicho a su madre que aparcase cerca porque tenía que ganar. Él siempre llegaba al coche de su padre después que ella. La miraba y sonreía. A ver quién ganaba después.
Como vivían en el mismo edificio la llegada a casa era otra competición. Esta vez por pulsar el botón del ascensor. Él siempre recordaba el día en que ella tropezó en el descansillo y se partió el labio. Sangraba muchísimo. Así que corría, pero con precaución. Ganaba él. Ella nunca corría lo suficiente, el recuerdo del daño dura demasiado.
Él y su padre se bajaban en el segundo, mientras que ella y su madre continuaban en el ascensor hasta el cuarto piso. Todos los días, al salir del ascensor, él preguntaba: "¿Bajas luego?". Ella nunca contestaba. No recordaba cuando empezaron a bajar juntos a la calle, pero si lo hacían cada día por qué demonios preguntaba.
Chándal y zapatillas. Ambos. Ella siempre se cambiaba esa odiosa falda y él los zapatos que le dañaban los pies. Iban al puente a escupir a los coches, saltaban la valla del colegio para jugar al fútbol en la pista, construían cabañas, iban juntos a llamar al resto y un ratito antes de que llegase la hora de volver a casa pasaban por el quiosco, compraban unas golosinas y se las tomaban en el portal de su piso.
Allí esperaban a que se apagara la luz y se besaban. En la boca. Sin maldad. Con cariño. El mismo con el que se daban la mano en clase cuando les ponían alguna película. Todo era perfecto. Por fin un momento sin competir.
Cuando les obligaron a ser mayores todo acabó. Entonces ella ya no bajaba a la calle en chándal y él no la esperaba en el portal. El juego había terminado.
Cuando les obligaron a ser mayores todo acabó. Entonces ella ya no bajaba a la calle en chándal y él no la esperaba en el portal. El juego había terminado.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Mezclados saben mejor
Hoy era él quien iba a comer a su casa. Su madre había preparado espaguetis, pero ella no había avisado a Pablo de que eran a la carbonara, solo había dicho que comerían espaguetis.
Cuando él vio aquel plato encima de la mesa, se asustó. Esos espaguetis eran blancos, ¿dónde estaba el tomate?
-¿Esto son espaguetis? -preguntó Pablo-.
-Pues claro. ¿No los ves? -replicó Claudia-.
-Pero yo pensaba que eran espaguetis con tomate, los de siempre.
-Pues no lo son. Son a la carbonara. Seguro que te gustan, mi madre cocina estupendamente.
-Ya...Pero llevan bacon y esa salsa...No sé.
-¡Tiene queso! ¡A ti te gusta el queso! ¿Por qué no los quieres probar? Son unos simples espaguetis. ¡Siempre igual! Como cuando no quieres comer de las fresas que llevan azúcar.
Claudia se hartó de esperarle y empezó a comérselos ella sola. Le encantaban, no tenía por qué esperarle. Además, seguro que él se los dejaba. Mejor, así tenía para el día siguiente.
-¡Pero es que no me gusta el bacon!
-Pues no se lo puedes quitar. No comas. Quédate con tus espaguetis con tomate de toda la vida, que esos sí que sabes que te gustan de verdad.
Claudia fue al frigorífico, sacó el bote de tomate frito y lo echó por encima de los espaguetis de Pablo. Él sonrió. Le encantaba verla enfadada, así que se comió los espaguetis.
Y no le gustaron, pero le hicieron feliz.
Cuando él vio aquel plato encima de la mesa, se asustó. Esos espaguetis eran blancos, ¿dónde estaba el tomate?
-¿Esto son espaguetis? -preguntó Pablo-.
-Pues claro. ¿No los ves? -replicó Claudia-.
-Pero yo pensaba que eran espaguetis con tomate, los de siempre.
-Pues no lo son. Son a la carbonara. Seguro que te gustan, mi madre cocina estupendamente.
-Ya...Pero llevan bacon y esa salsa...No sé.
-¡Tiene queso! ¡A ti te gusta el queso! ¿Por qué no los quieres probar? Son unos simples espaguetis. ¡Siempre igual! Como cuando no quieres comer de las fresas que llevan azúcar.
Claudia se hartó de esperarle y empezó a comérselos ella sola. Le encantaban, no tenía por qué esperarle. Además, seguro que él se los dejaba. Mejor, así tenía para el día siguiente.
-¡Pero es que no me gusta el bacon!
-Pues no se lo puedes quitar. No comas. Quédate con tus espaguetis con tomate de toda la vida, que esos sí que sabes que te gustan de verdad.
Claudia fue al frigorífico, sacó el bote de tomate frito y lo echó por encima de los espaguetis de Pablo. Él sonrió. Le encantaba verla enfadada, así que se comió los espaguetis.
Y no le gustaron, pero le hicieron feliz.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Lentejas.
Empezaré por contarte algo que sí que se hacer bien y, eso es, hacer las cosas rematadamente mal. Exagero, sí. En mi día a día, lo hago todo bien. En lo demás, todo mal. Y sí, exagerar está entre esas cosas.
Como siempre me gustó controlar mi vida, no soporto ver cómo se me escapa de las manos. Y más si es por una decisión mía. Yo cambiando las cosas, yo cambiando mis cosas. Increíble, pero cierto. Eso sí, cabezota como yo sola. Cuando se toma una decisión, no se mira atrás. No sé quién me lo enseñó, pero así lo creo. "¿No querías lentejas? Pues ahora te las comes".
Y con gusto, por algo son mi comida favorita. Las he aprendido hacer perfectamente, como todo lo de mi día a día. Decidí comer lentejas y me daba igual si me amargaban. O me empacharan. Las quería.
La pena es que mis favoritas son las que hace mi madre y ella, ahora, está lejos y no quiere hacérmelas. Así que tampoco las puedo compartir. Por eso, prefiero sentarme y odiar. Odiar como veo que todo se me escapa.
Como siempre me gustó controlar mi vida, no soporto ver cómo se me escapa de las manos. Y más si es por una decisión mía. Yo cambiando las cosas, yo cambiando mis cosas. Increíble, pero cierto. Eso sí, cabezota como yo sola. Cuando se toma una decisión, no se mira atrás. No sé quién me lo enseñó, pero así lo creo. "¿No querías lentejas? Pues ahora te las comes".
Y con gusto, por algo son mi comida favorita. Las he aprendido hacer perfectamente, como todo lo de mi día a día. Decidí comer lentejas y me daba igual si me amargaban. O me empacharan. Las quería.
La pena es que mis favoritas son las que hace mi madre y ella, ahora, está lejos y no quiere hacérmelas. Así que tampoco las puedo compartir. Por eso, prefiero sentarme y odiar. Odiar como veo que todo se me escapa.
domingo, 25 de agosto de 2013
En la 532.
En estos cuatro años creo haber ganado más personas que he perdido. Pero de esas personas que son de verdad. Que te quieren tal y como eres y jamás intentaron cambiarte. Quizás eso fue lo que me cambió, que no me incitaran a hacerlo. Igual que cuando me dicen "vamos a dormir" y soy incapaz de pegar ojo. Siempre hay obligaciones que son imposibles de cumplir.
Ahora tengo a las personas que estarán siempre conmigo, las que me sufren, a mí y a mis decisiones, y las que recordaré toda mi vida. Lo cierto es que nunca una amiga me había sorprendido con un bizcocho lleno de velas para que celebrásemos el cumpleaños juntas, tampoco pensé el primer día de universidad que en la clase número 532 iba a encontrar a dos de las personas más importantes de mi vida.
Siempre envidié a aquellos que decían tener amigos de toda la vida. A mí la vida no me dejó tenerlos. Con nueve años te separas de los que podían haberlo sido y con doce llegas demasiado tarde a la vida de otros. Ahora tampoco me parece para tanto. Aunque todo acabe algún día, siempre me quedarán sus recuerdos.
Ahora tengo a las personas que estarán siempre conmigo, las que me sufren, a mí y a mis decisiones, y las que recordaré toda mi vida. Lo cierto es que nunca una amiga me había sorprendido con un bizcocho lleno de velas para que celebrásemos el cumpleaños juntas, tampoco pensé el primer día de universidad que en la clase número 532 iba a encontrar a dos de las personas más importantes de mi vida.
Siempre envidié a aquellos que decían tener amigos de toda la vida. A mí la vida no me dejó tenerlos. Con nueve años te separas de los que podían haberlo sido y con doce llegas demasiado tarde a la vida de otros. Ahora tampoco me parece para tanto. Aunque todo acabe algún día, siempre me quedarán sus recuerdos.
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