No es que no quiera hacerlo, es que se me encoge el estómago al pensarlo. No se le puede exigir mucho más a alguien que se toca la ceja cuando se avergüenza de algo. Sudores fríos. Los previos al vómito. La tripa revuelta y el móvil recibiendo llamadas sin contestación.
Las hay valientes, juro que me he encontrado con más de una, pero soy de las que planean la conversación ciento cincuenta veces antes de tenerla. Para que nada salga como esperaba. Para que todo se eche a perder.
Sé que hace un par de años me metí en un buen lío. Lo supe desde el primer momento y, aunque pensaba que sí, la verdad es que no hice nada por evitarlo. Una camiseta envuelta en papel de periódico y el beso, o el paso, definitivo a una vida que no había planeado.
Un septiembre diferente, un enero terrorífico y un marzo inesperado. Medir el tiempo por ciudades. Dime si las has repasado. Ahora te toca a ti cerrar los ojos y avanzar hacia delante. Prometo no girarme.
lunes, 26 de octubre de 2015
miércoles, 14 de octubre de 2015
Cuarenta y nueve
El amor es eso que sientes al ver la cara de tu madre en su primer viaje en avión, el olvidar un intercambio de gritos con tu hermana sin tener que pedir perdón, quedarte dormida en su cama con conversaciones en portugués como canción de cuna.
¿La tristeza? El primer cumpleaños sin tu familia, ver tu facultad desde la carretera por la que cada días vas a un trabajo que nada tiene que ver con lo que estudiaste y quedarte sin vacaciones acompañada de tus mejores amigas.
Cuarenta y nueve días parecen tantos que al principio ni siquiera alcanzas a contarlos. Pero cuando vas por el número treinta y has dejado de odiar los lunes porque no sabes ni qué día es, entonces, sí, empiezas a sentir que algo se te ha muerto por dentro.
Hay quien pregunta qué te pasa y hay quién lo sabe con mirarte. El amor también es eso. Porque no recuerdo despedida más triste que la de la amiga que me ha acompañado en esta aventura que dura ya seis años. Porque una comida de piso en un año de convivencia te da fuerzas para seguir. Porque una reunión en un bar cutre puede ser el acontecimiento del mes. Y porque nueve horas de carretera a cambio de un día en casa siempre es una gran elección.
¿La tristeza? El primer cumpleaños sin tu familia, ver tu facultad desde la carretera por la que cada días vas a un trabajo que nada tiene que ver con lo que estudiaste y quedarte sin vacaciones acompañada de tus mejores amigas.
Cuarenta y nueve días parecen tantos que al principio ni siquiera alcanzas a contarlos. Pero cuando vas por el número treinta y has dejado de odiar los lunes porque no sabes ni qué día es, entonces, sí, empiezas a sentir que algo se te ha muerto por dentro.
Hay quien pregunta qué te pasa y hay quién lo sabe con mirarte. El amor también es eso. Porque no recuerdo despedida más triste que la de la amiga que me ha acompañado en esta aventura que dura ya seis años. Porque una comida de piso en un año de convivencia te da fuerzas para seguir. Porque una reunión en un bar cutre puede ser el acontecimiento del mes. Y porque nueve horas de carretera a cambio de un día en casa siempre es una gran elección.
martes, 22 de septiembre de 2015
Doce Bis
Otra vez había vuelto a pasar demasiado tiempo. Y ni siquiera se había dado cuenta. Treinta y siete días son muchos días. Muchísimos. Quería decirle que todo estaba bien, que no había de qué preocuparse y que poco a poco estaba aprendiendo a perdonar. Porque no, en todos estos años, nunca lo había hecho. El corazón tiene estas cosas. Odiar era una mierda. Dejó de hacerlo. Estaba dispuesta a todo. Hacía dos años que se había dado cuenta de que lo difícil no es decir te quiero, sino pronunciar las palabras que afirmaban que ya no existía tal sentimiento.
De él nunca pudo decir lo mismo, hay personas a las que no dejas de querer nunca. Se defendía diciendo que lo hacía de forma inconsciente, que era algo que todos llevábamos dentro. Como cualquier madre incapaz de reconocer que fue su hijo el que comenzó la pelea, como el agua del mar cuyo único fin es llegar a la orilla. El amor. El amor tiene esas cosas, dicen. Que viene, que va, que te pone el estómago del revés y que te destroza cuando menos te lo esperas. Y ahí está, sentada en el mismo descansillo en el que solían besarse, esperando a que algún día vuelva a bajar por ese bonito ascensor, con un balón en la mano, y le diga si hoy le apetece jugar un rato.
De él nunca pudo decir lo mismo, hay personas a las que no dejas de querer nunca. Se defendía diciendo que lo hacía de forma inconsciente, que era algo que todos llevábamos dentro. Como cualquier madre incapaz de reconocer que fue su hijo el que comenzó la pelea, como el agua del mar cuyo único fin es llegar a la orilla. El amor. El amor tiene esas cosas, dicen. Que viene, que va, que te pone el estómago del revés y que te destroza cuando menos te lo esperas. Y ahí está, sentada en el mismo descansillo en el que solían besarse, esperando a que algún día vuelva a bajar por ese bonito ascensor, con un balón en la mano, y le diga si hoy le apetece jugar un rato.
martes, 11 de agosto de 2015
Nieve
Durante el peor verano de la historia, el cielo seguía siendo azul, el calor abrasaba mis pies y cada gota de sudor me recordaba lo mucho que se puede odiar esta época del año si no tienes una playa y a tu familia cerca.
Durante el verano menos verano de toda mi vida, mi piel estaba más blanca que nunca, las sandalias seguían haciéndome daño y en mi habitación sonaba la música de siempre. Me volvieron a regalar una camiseta de Raúl, colgué una tarjeta de felicitación en la pared y esperé que alguien me hiciera compañía durante mi cumpleaños.
Durante este verano de mierda he sabido que los amigos son cada vez menos, he recordado con cariño a amigas del pasado y he sonreído cada mañana al acordarme de la que fue una de las mejores decisiones de mi vida.
Me quedó tiempo para ir a un partido de fútbol, conocer Las Rozas, visitar Budapest y acordarme un poco de él. De que es una mierda no tener vacaciones, pero que todo es mejor desde que llegaste.
jueves, 6 de agosto de 2015
Carcosa
He perdido la noción del tiempo, las ganas de comer arroz a la cubana y la capacidad de sentarme a escribir. Tal vez sea culpa de este portátil, que siempre se apaga cuando estoy haciendo algo importante. Es como esas personas que nunca están cuando las necesitas. Esas que tanto te cuesta echar a patadas de tu vida.
Te iba a pedir que volvieras, que me preguntaras qué tal me había ido en el partido de fútbol, si me saqué la carrera y si he conseguido quitarme el complejo de la sonrisa. No, qué va. No creo que lo consiga. Sigo acariciándome la ceja por vergüenza cada vez que alguien me mira por la calle.
Y mira que ya apenas paso por aquí. Que quizá dentro de poco ni siquiera pueda releer textos viejos. Que el amor se va, que el cariño no basta y que algunos juramentos de sangre son más fuertes que nuestros lazos. Los de sangre, digo. De los otros no sé si quedan. Si cada vez que llega el fin de semana pienso en comerme una hamburguesa. Si cada vez que veo series de polis, recuerdo lo miserable que puede llegar a ser una persona.
Te iba a pedir que volvieras, que me preguntaras qué tal me había ido en el partido de fútbol, si me saqué la carrera y si he conseguido quitarme el complejo de la sonrisa. No, qué va. No creo que lo consiga. Sigo acariciándome la ceja por vergüenza cada vez que alguien me mira por la calle.
Y mira que ya apenas paso por aquí. Que quizá dentro de poco ni siquiera pueda releer textos viejos. Que el amor se va, que el cariño no basta y que algunos juramentos de sangre son más fuertes que nuestros lazos. Los de sangre, digo. De los otros no sé si quedan. Si cada vez que llega el fin de semana pienso en comerme una hamburguesa. Si cada vez que veo series de polis, recuerdo lo miserable que puede llegar a ser una persona.
viernes, 12 de junio de 2015
Cuarenta de mayo
Cuando te vienes a dar cuenta llevas dos meses sin escribir, has hecho el último examen de la carrera, uno de tus amigos ha publicado un libro y a otro lo han contratado. Cuando me vine a dar cuenta estaba comiendo por última vez en mi facultad, había dejado de pensar en ti y tenía las piernas llenas de moratones.
Dicen que es la felicidad, que te hace perder la noción del tiempo, igual que dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar, pero el otro día fue 40 de mayo y llegué con el pelo mojado a trabajar. Y da igual, porque siempre me molestó más el viento que la lluvia, y porque siempre hay personas con las que da gusto andar por Madrid mientras que resuena la peor de las tormentas.
Y poco más, quizá algunas restricciones a la hora de juntarnos por Navidad, unos cuantos viajes a la playa y cervezas en sitios en los que pongan tapa. Qué suerte tener tantas ganas de ir a Murcia como de volver a Madrid. Qué bien que en los dos sitios siempre encuentres a los tuyos. En fin, que es la hostia dejar de hablar de ti.
Dicen que es la felicidad, que te hace perder la noción del tiempo, igual que dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar, pero el otro día fue 40 de mayo y llegué con el pelo mojado a trabajar. Y da igual, porque siempre me molestó más el viento que la lluvia, y porque siempre hay personas con las que da gusto andar por Madrid mientras que resuena la peor de las tormentas.
Y poco más, quizá algunas restricciones a la hora de juntarnos por Navidad, unos cuantos viajes a la playa y cervezas en sitios en los que pongan tapa. Qué suerte tener tantas ganas de ir a Murcia como de volver a Madrid. Qué bien que en los dos sitios siempre encuentres a los tuyos. En fin, que es la hostia dejar de hablar de ti.
jueves, 9 de abril de 2015
Gracias
Porque qué sería de nosotros si no supiéramos dar las gracias. Porque a mí también me enseñaron a hacerlo. Por eso. Por todas las veces que me curaste los codos tras sufrir una caída, por las noches en las que te levantaste a hacerme una tila para que pudiera dormir, por las tardes en las que me hiciste la merienda, o por otras tantas en las que me preparaste el almuerzo del instituto.
Por estar ahí cuando acabé el colegio, por vivir mi alegría cuando me cogieron en la universidad, por ir a recogerme tantas noches en las que salía, por alegrarte por mí cuando me concedían la beca para seguir estudiando fuera, por entristecerte cuando no, por saber que todos estos años había estado ahorrando por si pasaba, por estar ahí el día de mi graduación.
Por dejarme llorar en tu hombro, por secarme las lágrimas y limpiarme los ojos de rimmel, por llamarme cada noche cuando más lo necesitaba, por mandarme mensajes de ánimo en los días de estudio, por llenarme la nevera cuando la tenía vacía, por regalarme los libros que no podía comprar, por las veces que me esperaste en la estación, por tantas otras en las que me dijiste adiós.
Por los reencuentros después de cada viaje, por cada abrazo, por cada beso, por cada sonrisa. Por todo esto que no hiciste, los momentos en los que no estuviste y las llamadas que no realizaste. Por dejárselo todo a ella. Es más, por elegirla a ella, porque no lo pudiste hacer mejor. Gracias. De corazón.
Por estar ahí cuando acabé el colegio, por vivir mi alegría cuando me cogieron en la universidad, por ir a recogerme tantas noches en las que salía, por alegrarte por mí cuando me concedían la beca para seguir estudiando fuera, por entristecerte cuando no, por saber que todos estos años había estado ahorrando por si pasaba, por estar ahí el día de mi graduación.
Por dejarme llorar en tu hombro, por secarme las lágrimas y limpiarme los ojos de rimmel, por llamarme cada noche cuando más lo necesitaba, por mandarme mensajes de ánimo en los días de estudio, por llenarme la nevera cuando la tenía vacía, por regalarme los libros que no podía comprar, por las veces que me esperaste en la estación, por tantas otras en las que me dijiste adiós.
Por los reencuentros después de cada viaje, por cada abrazo, por cada beso, por cada sonrisa. Por todo esto que no hiciste, los momentos en los que no estuviste y las llamadas que no realizaste. Por dejárselo todo a ella. Es más, por elegirla a ella, porque no lo pudiste hacer mejor. Gracias. De corazón.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)